Hay quienes cruzan el charco con la dignidad de un diplomático en misión oficial, y luego estoy yo: con mochila, cara de jet lag desde el check-in y una fe ciega en que la aerolínea no me va a arruinar el día. Spoiler: me lo arruinó, pero me regaló una buena historia, la crónica de un mochilero algo torpe, y eso, al menos para los mochileros sentimentales como yo, ya es ganancia.

Crónica de un mochilero algo torpe

Cruzando el charco, destino al café

Pedrito pereiranoMi segundo viaje a Colombia comenzó con una de esas señales que el universo te lanza, como diciendo: “¿Estás seguro de esto?”, aunque yo suelo decir: «tengo una conmoción en La Fuerza«.

Vuelo Madrid-Bogotá, retrasado por más de tres horas. Ni en la cola para comprar entradas de cine me había demorado tanto. A esas alturas ya sabía que el vuelo de enlace a Pereira iba a salir sin mí, sin remordimientos. Lo tomé con filosofía de aeropuerto: si ya has pagado el café a precio de whisky, nada puede dolerte más.

Aterricé en Bogotá con cara de lunes. El personal de la aerolínea, muy amables ellos, me notificaron que pasaría la noche en la capital, cortesía de su desorganización o vaya usted a saber qué. Es decir, me regalaban una noche de hotel. Uno pensaría “¡Qué bien!” hasta que recuerdas que llevas despierto más de 24 horas y que tu cerebro ha decidido irse por su cuenta a dormir, dejándote solo con las funciones básicas: parpadear y asentir.

El hotel, para ser sincero, estaba bien. Cama cómoda, ducha caliente, daba igual. Aun así, dormí como gato con jet lag: en posición fetal y mirando el reloj cada media hora. ¿Por qué? Porque a las 6:00 AM ya debía estar de vuelta en el aeropuerto. Eso no es descanso. Eso es un secuestro y sin desayuno.

En fin, que al amanecer me subí a la furgoneta del hotel, con ojeras de mapache y las dos maletas, otra vez. El vuelo a Pereira era a las 9:30, así que me planté en la sala de embarque, habiendo pagado otro café a precio de oro, esperando que nadie me hablara porque no tenía alma para regalar.

El día de la llegada a Pereira. Una mochilera paisana

Cruzando el charco, crónica de un mochilero algo torpeY entonces apareció ella. Mochila al hombro, mirada decidida, y la frase que todo mochilero ama o teme: “¿Este es el vuelo a Pereira?”. Así conocí a Irene, una paisana de Alicante que, como yo, viajaba sola y con pinta de saber arreglar una rueda de bicicleta con un imperdible y una ramita.

Los mochileros tenemos una conexión rara: basta una mirada y ya sabes si la otra persona ha dormido en un aeropuerto, si ha comido pan con atún durante tres días o si ha regateado con un señor en chanclas por una hamaca. Con Irene fue así. Vimos nuestras mochilas, los adhesivos de “yo estuve aquí”, y sin decir mucho, sabíamos que íbamos a pasar unos instantes compartiendo anécdotas, agua y posibles bacterias intestinales.

Durante el vuelo, íbamos en asientos separados. Aterrizamos en Pereira y sentí, por segunda vez, que llegaba a casa, pero esta vez con una aliada en la aventura.

Ya en mi destino, mientras esperábamos, compartí con ella mis historias de mochilero algo oxidado pero entusiasta; ella, con sus planes de recorrer el Eje Cafetero como si fuera una misionera del buen café, dado que a mi me venía a recoger mi parcero Carlos, la ofrecí transporte con destino a la estación de autobuses.

Irene se quedaba en la terminal de autobuses, iba para Salento, nos dimos los números y quedamos en vernos, a mi vuelta, por Alicante.

✈️Cruzando el charco con dignidad, pero el viaje me dejó ansiedad 🎒Jet lag, mochila y fe en el azar #ProyectoErmitaño #CambiaTuVida #LaFuerzaEsIntensa Compartir en X

El nuevo apartamento

Cruzando el charco, crónica de un mochilero algo torpeMi nuevo hogar en Pereira, ese modesto apartamento de alquiler con más personalidad que metros cuadrados, esperaba a mi llegada. La misión era clara: convertirlo en un refugio bohemio. Para eso conté con la ayuda del mercado de segunda mano y mi «parcero», colega en español, Carlos. Ahí aprendí que, en Colombia, puedes encontrar una mesa de roble, un ventilador con luces de discoteca y un retrato de Shakira por el mismo precio.

Los electrodomésticos, sin embargo, tenían el precio de un riñón fresco y no estaban en condiciones, así que tuve que optar por comprar un aparato nuevo.

Al final, por ahora, no conseguí el escritorio, también buscaba en el mercado de segunda mano, y la cocina carece de algunas cosas, es más un museo de la austeridad que un espacio culinario.

Lo inesperado, entre ficción y realidad

Y entonces ocurrió, algo que puede pasar en todo viaje que se respete: conocí a alguien que me descolocó el GPS emocional. No lo vi venir.

Un día, estaba yo en mi apartamento, comiendo maní con miel, como si fuera vino francés, navegando por una red social y apareció ella, tenía una risa preciosa, como de persona que ha aprendido a vivir sin cronómetro. Hablamos. Y hablamos más.

Y, de pronto, la historia se alargó, con música, sangría y una conversación de esas que parecen coreografía. No diré más, pero mi plan de viaje, ahora, puede tener un asterisco importante. Solo el tiempo lo dirá.

Visitas por el Eje Cafetero

Una vez instalado, y bien acompañado, comencé a hacer lo que todo mochilero con domicilio fijo haría: huir de la ciudad. Pereira es una belleza, sí, pero el encanto verdadero está en sus pueblos vecinos, donde el tiempo pasa más lento, el café huele más fuerte y las gentes caminan, sin prisas, a la plaza del pueblo.

En realidad, esta vez, no he viajado tanto por el país, y sí por los pueblos y alrededores de mi nueva ciudad, por dos razones, la primera porque la idea era adaptarme a vivir el día a día, en esta ciudad y la segunda, como entenderás, por la susodicha descolocación del GPS emocional.

Los sitios que he visitado son cercanos a Pereira, cada pueblo con su encanto, su plaza central, su iglesia, y algún señor que insiste en contarte su vida completa mientras tú solo quieres preguntar dónde venden empanadas. Todo es parte del encanto. Conocimos artesanos, músicos, señoras que venden postres con nombres sospechosos.

En mi cuenta de Facebook e Instagram, puedes ver fotos y vídeos sobre esto.

Conclusiones

Colombia me recibió con retrasos, sin dormir y cargado de maletas, sí. Pero también con alguien especial, con pueblos mágicos, con paisajes de postal sin filtro, con lluvia tropical que refresca el alma y con gente que no tiene prisa.

Este viaje, el segundo, no fue solo una repetición. Fue una secuela mejorada, como esas películas que, contra todo pronóstico, superan a la original.

Y aquí estoy, escribiendo esto desde mi rinconcito en Pereira, con un ventilador que hace más ruido que una protesta estudiantil, una mesa comprada por 30 mil pesos y una taza de café que no tiene comparación en ningún otro país. Puede que no tenga todas las comodidades, ni un plan del todo claro. Pero tengo historias. Y, al final, los viajeros vivimos de eso.

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Por Ric

Bloggero, Técnico Superior en Internet y Comercio Electrónico, Administrador de sistemas, en mi vida laboral, reconvertido a Social Media Marketing Trabajo en Redes Sociales y Marketing Digital desde el año 2013 Asesoro y colaboro para que el mundo de los negocios digitales sea más accesible a las personas emprendedoras. Para ello estudio y humanizo tu Marca, seas empresa o freelance, y te aporto las estrategias necesarias para conseguir tus objetivos de la manera más sencilla posible "En mi opinión, normal es solo lo ordinario, lo mediocre. La vida pertenece a aquellos individuos raros y excepcionales que se atreven a ser diferentes"

10 comentario sobre «Cruzando el charco, crónica de un mochilero algo torpe»
  1. Ric,
    Este tipo de entradas me parecen de lo más valioso que se puede compartir en un blog: lo que pasa de verdad, con lo bueno, lo incómodo, lo inesperado y lo cotidiano. Y contarlo así, sin dramatizar ni maquillar nada, es lo que hace que uno lo lea casi como si estuviera ahí.

    Todo el inicio con los retrasos, el jet lag y la noche de hotel “regalada” me resultó más que reconocible. A cualquiera que haya viajado así le activa la memoria del cuerpo entero. Y luego aparece Irene. Son esos momentos que aparecen sin buscarlos, pero que se quedan.

    Me ha gustado cuando entras en esa parte más tranquila, cuando ya estás instalado. Porque ahí es donde realmente se nota que estás viviendo el viaje, no como una escapada puntual, sino como algo que te va calando mientras haces vida. Lo de la mesa de segunda mano, el ventilador, el apartamento… todo eso cuenta más que mil fotos de postal.

    Y lo del GPS emocional, no hace falta decir nada más. De esas experiencias que son únicas. Y como bien dices, el tiempo dirá.

    Gracias por compartir esta etapa que estás viviendo como lo estás haciendo.
    ¡Un fuerte abrazo, compañero!

    1. Hola Miguel

      Todavía estoy adaptando mi cuerpito a España. Lo de Colombia, esta segunda vez, también objetivo cumplido, ahora sé lo que es vivir, el día a día, en mi casa de allá, me he quedado con el apartamento, así que seguiré volando un par de veces al año porque esa es mi casa ahora, ya sabes que, en España, tengo el Cocherito y eso es lo que voy a hace en un par de semanas, seguiré viajando por este país en él.
      El GPS emocional, todavía lo tengo descolocado, en estos momentos sigo adelante con eso y habrá continuación para aquel artículo de 8 días en Pereira. 👀⭐

      ¡Muchas gracias Miguel por estar siempre ahí! 👍😜

  2. Hola, Ric, tuviste retrasos, una noche inesperada en un hotel, jet lag, peeeero apareció ella y tu vida cambió. De estrés inoportuno a tranquilidad amorosa. ¡Qué bonito! Una gran experiencia.
    Oye, y lo de encontrarte con alguien de Alicante esperando el vuelo a Pereira, ya es casualidad…
    Un abrazo. 🤗

    1. Hola Merche

      Muchas gracias por pasar y comentar.
      Ahí estamos compañera, el viaje empezó con cosas malas, aunque, a medida en que avanzaban los días, se mejoraba, y es muy posible que tengamos continuación y más historia que contar.
      Lo de Irene es una casualidad bonita, pero desde que ando por ahí, con los viajes, las coincidencias ocurren.

      ¡Un abrazo compañera!

  3. Hola Ric.
    Me gusta mucho como lo has contado, de esa manera tan cercana, tan tú.
    Una entrada con mucha alma, tú alma.
    Que sigas viviendo esa experiencia así de bien. Y sobre el GPS emocional, la mejor brújula es el corazón❤️

    Un abrazo grande 🤗

    1. Hola Mari

      Ahí estamos, las cosas van a mejorar y la separación de miles de kilómetros puede cambiar en cualquier momento, por fortuna, tengo mucho tiempo y ganas de seguir adelante.
      Una vez más, ¡gracias por pasar, leer y comentar compañera!

  4. Hola Ric, admiro tu valentía para iniciarte en este tipo de viajes, yo hubiera sido incapaz con 20 años cuanto menos ahora.
    Pero me parece un post necesario, tanto por lo bueno como lo menos bueno del viaje, sus idas y venidas y las experiencias que dejan las expectativas bastante altas para quien desee tomar tu ejemplo.
    Es un placer pasar a leerte, aunque todavía no estoy bien del todo.
    Un abrazo grande y feliz inicio de semana

    1. Hola Nuria

      Me encanta verte de nuevo por aquí, gracias por pasar, leer y comentar el artículo.
      Muchas veces, es más sencillo, cuando la vida te fuerza a tomar estas decisiones, prefiero lanzarme a la aventura a tener una vida en la que te debes conformar con lo que hay, eso no es vida. Comprendo a las personas que no se atreven a lanzarse, pero he comprobado que es mejor así, por lo menos solo te tienes que dar a explicaciones a ti mismo. Si este post ayuda a cualquiera a atreverse, el objetivo está cumplido.

      ¡Saludos compañera!

  5. Me encantó el relato y la pasión con qué cuentas las historias, mil felicidades, es hermoso leerte y sentirse en la historia, me erizó la piel porque todas las personas merecen vivir esas experiencias tan hermosas, muchas gracias ❤️❤️

    1. Hola Martha

      Me encanta la expresión «me erizó la piel», eso significa que el mensaje ha llegado como debe, cuando escribo lo hago con el sentimiento, en este caso, especial, por muchas cosas pero una de ellas es especial, y vos sabes cual es.
      Muchas gracias por leerme, me haces feliz ❤️

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