Después de más de un año separados, Pedrito y Susanita vuelven a encontrarse en Pereira. Una semana juntos, mañanas de paseo, tardes de café, restaurantes campestres, escapadas a Salento, Filandia y el Valle del Cocora.
Pero esta vez hay algo diferente: ya no se trata solo de reencontrarse, sino de descubrir si aquella historia que sobrevivió a más de 8.500 kilómetros puede convertirse, por fin, en algo más estable.
El sábado que Susanita volvió a Pereira
Hay historias de amor que terminan con una despedida, otras terminan con un silencio, algunas se quedan suspendidas en algún lugar extraño entre el recuerdo y la esperanza, esperando que la vida decida qué hacer con ellas.
La historia de Pedrito y Susanita pertenecía a esta última categoría.
Después de aquellos primeros ocho días en Pereira y de los doce siguientes, algo había entre ellos. Los paseos, los cafés, las conversaciones interminables, las risas y aquella sensación de que, quizá, habían encontrado algo que merecía la pena intentar, sin embargo, llegó la distancia. Susanita tuvo que regresar a Medellín, por trabajo y Pedrito volvió a su vida, esa mezcla bastante peculiar de viajes, proyectos, escritura, cafés y decisiones que parecen tomadas cinco minutos antes de ejecutarse.
Habían pasado más de un año separados.
Un año después, Pedrito es residente
Un año puede ser suficiente para que dos personas cambien completamente. pueden aparecer nuevas rutinas, nuevas preocupaciones, nuevas personas, nuevos proyectos. La vida no se queda esperando a nadie, pero tampoco consigue borrar determinadas historias.
Pedrito y Susanita se distanciaron, ¿quedaba algo?, vivían a miles o cientos de kilómetros de distancia (los viajes de Pedrito seguían) , pero nunca llegaron a convertirse del todo en dos desconocidos.
Y entonces llegó aquel sábado, Susanita regresó a Pereira.
Esta vez no era una visita improvisada ni un encuentro para comprobar qué quedaba de aquello que habían vivido. Ambos habían decidido darse otra oportunidad.
Pedrito llegó a la terminal, antes de tiempo, porque una cosa es ser puntual y otra muy distinta es esperar a una mujer después de más de un año sin verla. Miró el reloj, después volvió a mirarlo, luego decidió que el reloj seguramente estaba equivocado.
Hasta que Susanita apareció entre los viajeros.
Y entonces desapareció el reloj, desapareció la terminal, desapareció Medellín, desapareció España y desaparecieron los miles de kilómetros que durante tanto tiempo habían estado metidos entre los dos.
Se miraron, sonrieron, una mirada y se abrazaron.
No hubo necesidad de grandes discursos, a veces, un abrazo puede contener un año entero de conversaciones pendientes.
—Hola, brujita paisa.
—Hola, Pedrito.
Y aquella sonrisa de Susanita terminó de confirmar lo que Pedrito, tal vez, ya sospechaba.
La historia seguía viva.
Una terminal, una mochila y nada de preguntas
El reencuentro no tuvo lugar en un escenario romántico preparado para una película, fue en la terminal de autobuses de Pereira, entre viajeros, equipajes, autobuses entrando y saliendo y ese ruido constante que acompaña cualquier estación, por eso resultaba perfecto.
Porque Pedrito y Susanita nunca habían necesitado demasiados adornos, lo suyo siempre había funcionado mejor en lo cotidiano.
Una conversación caminando, muchos cafés, algún almuerzo o una comida. Una mirada, una broma, un paseo sin rumbo y esta vez tampoco iba a ser diferente.
Había pasado más de un año, pero cuando empezaron a caminar juntos parecía que el tiempo hubiera decidido hacer una pequeña trampa.
No tuvieron que aprender de nuevo a estar juntos.
Solo retomaron el camino.
De Medellín a Pereira, el amor encontró carretera 🚌❤️ Y después de tanta espera… ¿será que Susanita se queda? 😏 #Amor #Pereira #HistoriasDeAmor Compartir en XPereira vuelve a ser territorio de dos
En esos días que siguieron no estuvieron llenos de grandes acontecimientos, y, quizá, ahí estuvo su encanto. Pedrito y Susanita descubrieron que no necesitaban llenar cada hora con actividades para sentirse bien juntos.
Las mañanas comenzaron a tener un ritual sencillo: salir a caminar.
Pereira todavía estaba despertándose cuando ellos ya estaban recorriendo sus calles, hablando de cualquier cosa y de todas las cosas al mismo tiempo. Había conversaciones serias, normal, porque un año de separación deja asuntos pendientes, pero también había una cantidad considerable de tonterías, bromas y pequeñas discusiones que demostraban que la complicidad seguía intacta.
Porque una pareja puede decirse muchas cosas bonitas, pero existe una prueba mucho más fiable: comprobar si pueden reírse juntos de las mismas estupideces.
Pedrito y Susanita podían y bastante.
Mañanas de paseo y tardes de café

Después de caminar llegaba el café, o quizá el café era el verdadero objetivo y el paseo solo una excusa para llegar hasta él.
Las tardes transcurrían entre cafés y conversaciones, hablaban de Medellín, de Pereira, de España, del trabajo, de los viajes y de algunas cosas que habían ocurrido durante el tiempo que estuvieron separados, pero también hablaban de otras que no tenían ninguna importancia y eso era conexión.
Porque cuando dos personas pueden pasar horas juntas sin necesitar que cada minuto tenga un significado trascendental, quizá están empezando a encontrar algo parecido a la tranquilidad.
Susanita volvía a descubrir las pequeñas manías de Pedrito. Su manera de explicar cualquier cosa como si estuviera impartiendo una conferencia, su incapacidad para terminar una comida sin pensar en un café y esa costumbre tan suya de tener una opinión incluso cuando nadie se la había pedido.
Pedrito, por su parte, volvía a descubrir esa forma de Susanita de decir las cosas con una mezcla de dulzura y carácter que podía dejarlo sin argumentos en menos de treinta segundos.
Y ninguno parecía tener demasiadas ganas de ganar, quizá porque después de más de un año separados habían descubierto que hay discusiones que no merece la pena ganar.
Más de un año separados y el corazón seguía haciendo de las suyas ❤️ Pedrito y Susanita vuelven a Pereira… ¿segunda oportunidad? 👀 #Amor #Pereira Compartir en XSalento y Filandia
Pero Pereira no podía ser el único escenario, había que salir y Pedrito tenía una ventaja evidente: estaba en su territorio.
Así que llegaron las escapadas por el Eje Cafetero.
Salento apareció primero, con sus calles llenas de color, sus casas tradicionales, sus tiendas, sus cafés y ese ambiente que parece obligar a caminar más despacio.
Pedrito y Susanita recorrieron sus calles sin demasiada prisa, no estaban haciendo una carrera turística, tampoco tenían que demostrar que habían visitado todos los rincones posibles.
Querían estar juntos.
Fotografías, conversaciones, cafés y alguna que otra discusión sobre cuál era el mejor lugar para comer o tomar algo fueron construyendo el día.
Después llegó Filandia, y con ella volvieron las caminatas, las fotografías y las conversaciones que se alargaban más de lo previsto.
Lo curioso era que, después de todo lo ocurrido, ninguno parecía estar intentando impresionar al otro.
Eso ya lo habían hecho durante los primeros encuentros.
Ahora estaban descubriendo algo distinto.
La comodidad.
La posibilidad de estar juntos sin representar ningún papel.
El Valle de Cocora y las conversaciones que no necesitaban prisa
El Valle de Cocora fue otra historia, las palmas de cera, el paisaje y la inmensidad de las montañas obligaban a bajar el ritmo.
Allí las conversaciones se hicieron más tranquilas.
Y también de lo que ninguno sabía todavía.
Porque el amor maduro tiene una particularidad: ya no basta con sentir, también hay que pensar.
La distancia, el trabajo, las ciudades diferentes y las circunstancias de cada uno seguían existiendo.
Ninguno podía fingir que no, pero tampoco podían fingir que no existía aquello que los había llevado hasta allí.
Susanita miró el paisaje.
Pedrito la miró a ella.
Ella lo descubrió.
—¿Qué miras?
—El paisaje.
—Pedrito…
—Bueno, también a ti.
Susanita sonrió.
Porque algunas cosas, por mucho tiempo que pase, tampoco cambian.

Pereira también se construye alrededor de una mesa
Los restaurantes tuvieron su propio protagonismo durante aquellos siete días, comieron juntos, descubrieron lugares, compartieron sobremesas y volvieron a comprobar que una buena conversación puede hacer que una comida dure mucho más de lo previsto.
Susanita iba descubriendo nuevas pequeñas piezas de Pedrito.
No solamente el hombre que había conocido un año atrás, sino aquel que había continuado viviendo durante todo ese tiempo.
Y Pedrito descubría lo mismo en Susanita.
Quizá esa fue una de las grandes diferencias de este reencuentro.
No estaban intentando recuperar exactamente lo que habían tenido.
Estaban conociéndose otra vez.
Dos personas que habían cambiado durante la separación y que ahora tenían la oportunidad de comprobar si esos cambios podían convivir.
OJO, este artículo tiene una segunda parte.
Continuará… con el golf y Susanita, ¿habrá una oportunidad para el amor?
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