El Marketing y una tendencia, el Gastrobar es un artículo de opinión en el que descubrirás una tendencia al alza. ¿Tienes un bar y quieres subir los precios sin cambiar ni un ingrediente? ¿Te abruma que la competencia hable de «reducciones», «aires», «espumas» y «texturas» como si fueran alquimistas medievales y tú solo tienes un fuego y una sartén? ¡Estás de suerte! Porque hoy vamos a destripar (con cariño y mala leche) cómo podrías convertir tu carta en un menú de gastrobar digno de ser leído por foodies de Instagram y criticado por tus clientes de toda la vida.

Guía imprescindible bares y restaurantes

Cómo convertir un bar de toda la vida en un gastrobar con solo renombrar tus platos (y sin cambiar la receta)

Aquí va una guía imprescindible para que, un ejemplo, el arroz con huevo frito deje de costar 6 euros y pase a los 14, sin tocar un grano más. Te doy distintos ejemplos de esta teoría.

 

1. Cerveza: Elixir de cebada fermentada en equilibrio de lúpulo artesano

Empecemos por lo básico: la cerveza, ese brebaje sagrado que en cualquier bar cuesta 1,50 € (2 si hay terraza y pretensiones). Pero si eres gastrobar, no vendes “cañas”. Vendes “extracto de cereal malteado con notas florales y amargor persistente en copa helada de degustación”.

¿Tienes Estrella Galicia de grifo? No importa. Tú di que es una “variedad rubia del norte con triple fermentación controlada y carácter atlántico”. La clave está en que nadie entienda nada, pero que suene a que fue elaborada por monjes en un monasterio remoto.

2. Paella: Sinfonía de arroz de autor con bouquet mediterráneo y proteína selecta

Ah, la paella. Sagrada, polémica y víctima constante de reinvenciones. Ya no basta con decir “paella mixta” (algo que en Valencia te puede costar un exilio social). En el mundo gastrobar se llama:

“Arroz meloso en reducción de caldo de mar y monte con topping de moluscos de proximidad y ave de corral”.

 

¿Que le echaste pechuga, gambas congeladas y colorante? Eso no importa. La clave es el «meloso» y el «caldo de mar y monte», que suena a que tardaste 72 horas en hacerlo cuando en realidad fue abrir un tetrabrik.

Extra tip: nunca digas “paella”. Dilo en francés: “riz à la manière espagnole”.

El Marketing y una tendencia, el Gastrobar

3. Filete de solomillo: Corte noble de vacuno al punto con lágrimas de vinagre balsámico y tierra de jamón

Ese filete que toda la vida freíste en su jugo con ajo y sal ahora se convierte en una oda a la alta cocina. Lo sirves sobre una base de pizarra (que incomoda al cuchillo), decoras con un chorrito de reducción (o sea, vinagre balsámico espeso del súper) y añades un crujiente (una loncha de jamón tostado en el micro).

El resultado es:

“Medallón de solomillo de pasto libre sellado en plancha a alta temperatura con emulsión de AOVE y aire de campo ibérico”.

Eso sí: el cliente no sabrá si comérselo o ponerlo de fondo de pantalla.

4. Espaguetis: Nido de pasta al dente con esencia de tomate ancestral y velo de parmesano madurado

Los espaguetis con tomate, el clásico salvavidas de universitarios y padres sin tiempo, son el lienzo perfecto para el postureo culinario. Basta con cocerlos bien (o no) y renombrarlos:

“Tagliatelle de sémola dorada sobre base de sofrito tradicional reinterpretado y velo lácteo envejecido”.

 

El queso rallado ahora es “velo”, el tomate frito “esencia ancestral” y los espaguetis de paquete son “tagliatelle artesanos de trigo seleccionado”.

¿Quieres subir un nivel? Añade una hoja de albahaca y cobra 13 euros.

5. Arroz con huevo frito: Textura crujiente de proteína aviar sobre lecho de cereal blanco con deconstrucción de ajo

Este es el epítome de la cocina de madre. Pero claro, eso no da para cobrar más de 5 euros. ¿Cómo lo convertimos en oro gastronómico?

 

“Bowl de arroz vaporoso con topping de yema líquida en crujiente de clara sobre cama de ajo confitado al punto”.

 

Ojo: si el huevo va poché (lo que en tu casa se llama «huevo hervido sin cáscara y que se te desmonta»), puedes pedir incluso 15 euros. Si el arroz es basmati, sube a 17. ¡Boom!

🍳Croqueta en plato de pizarra, espuma en copa de ron, y un arroz con nombre francés que te arranca el corazón No cambies nunca la receta, solo cambia la descripción 🍜 en colaboración con @huhuzgz #Gastrobar #Humor #Marketing Compartir en X

El Marketing y una tendencia, el Gastrobar

6. Croquetas: Bocados cremosos de bechamel trufada con corazón de ibérico y panko japonés

Las croquetas de mamá son historia. Ahora se sirven de dos en dos, en pizarra, sobre un trapo de lino y con una pinza de madera.

“Degustación de croquetas caseras de jamón en cremosa bechamel trufada con cobertura de pan asiático”.

Y si te atreves, llama a las de cocido: “reconstrucción de puchero de la abuela en esfera empanada de textura sedosa”.

7. Gazpacho: Chupito de hortalizas frescas infusionadas en aceite de oliva virgen y vinagre de Jerez

El gazpacho ya no se sirve en cuenco. Ahora va en vasito, con espuma, pepino cortado en brunoise y un chorro de AOVE con nombre y apellido.

“Emulsión fría de tomates del sur con matices de pimiento dulce, pepino y vinagre añejo en presentación de degustación”.

Sí, es gazpacho. Pero nadie se atreverá a decirlo.

8. Tortilla de patatas: Fusión de huevo libre con tubérculo confitado en dos texturas, al corte manual

¿Con o sin cebolla? Da igual. Lo importante es venderla como:

“Tortilla española con huevo de gallina feliz, patata gallega en doble cocción y cebolla caramelizada slow-cooked”.

 

Y si la haces líquida por dentro, ¡mil puntos más! Ponle una espuma de alioli (o mayonesa con ajo) y tendrás influencers de rodillas.

9. Calamares a la romana: Anillos marinos empanados en oro crujiente sobre alioli de tinta y cítricos

Los calamares fritos ahora vienen en torre vertical o en plato de pizarra con alioli de tinta (si tienes tinta, si no, colorante negro y a volar).

“Calamar atlántico en anillas crocantes con emulsión de alioli al carbón vegetal y toque de lima”.

A 16 euros. Por seis calamares. Que se note el gastrobar.

10. Flan de huevo: Flan casero de huevo eco con caramelo de panela y microverdes de menta

Terminamos con el postre estrella de los menús del día. Pero claro, aquí no es flan, es:

“Flan de textura sedosa con huevo de gallina ecológica, leche entera de pasto y caramelo de caña integral”.

 

Lo sirves en tarro de cristal reciclado, decoras con una hojita (si es albahaca porque no tenías menta, tú no digas nada) y cobras 6,50. Porque el azúcar vale oro, ¿verdad?

El Marketing y una tendencia, el GastrobarVendiendo experiencias

Ah, el marketing, ese ente todopoderoso que no solo te convence de que necesitas un teléfono nuevo cada seis meses, sino que también transforma una triste tostada con aguacate en “una experiencia sensorial inmersiva”.

Hoy en día, todo en la vida, está marinado en marketing: desde cómo eliges el shampoo hasta cómo decides si un bar vale la pena.

Y hablando de bares, olvidémonos del bar de la esquina con su tapa de tortilla seca y su camarero con actitud de lunes eterno. Bienvenidos al mundo de los gastrobares, ese concepto revolucionario (léase con cejas levantadas) que básicamente es un bar… pero con luces tenues, platos diminutos con nombres en francés y precios que te hacen dudar si pagar o hipotecarte.

 

El gastrobar no vende comida: vende narrativa, estética, hashtags y “una propuesta culinaria disruptiva”. No importa si el vino sabe a corcho y la porción de risotto cabe en una cucharilla de helado, lo importante es que haya una pizarra con lettering cursi y un rincón “instagrameable”. ¿Y quién está detrás de toda esta alquimia? Exacto: el marketing. Porque en esta vida moderna, si no lo puedes vender como una experiencia, mejor ni lo frías.

La opinión de mi amiga Esther Turón, pongamos cordura

¿Gastrobar o bar con pretensiones? Una defensa del concepto bien entendido

Mi amigo Ricardo ha escrito, con humor y mucha ironía, sobre cómo parece que hoy cualquier bar se puede autoproclamar “gastrobar” con solo poner nombres rimbombantes a la carta y subir los precios. Y aunque no le falta razón, en ciertos casos, me gustaría aportar un punto de vista algo distinto y, quizá, más justo con aquellos que realmente cuidan lo que hacen.

Porque no, no todo bar es un gastrobar, aunque lo diga su rótulo o su cuenta de Instagram.

Un gastrobar de verdad va mucho más allá del envoltorio: es una experiencia gastronómica pensada y trabajada en todos sus aspectos.

Se cuida el ambiente, el trato al cliente, el producto y su elaboración. La cocina no necesita ser de autor o excesivamente compleja, pero sí se apuesta por ingredientes de calidad, recetas bien ejecutadas, puntos de cocción correctos y una presentación cuidada.

El gastrobar de verdad ofrece platos bien pensados, que respetan el producto y juegan con técnicas o combinaciones interesantes.

No se trata de servir una croqueta cualquiera en una pizarra con flores secas, sino de que esa croqueta tenga sabor, textura, y esté servida en el momento y en el recipiente adecuado. Todo suma: desde la vajilla hasta la carta de vinos, cervezas o incluso vermuts y cócteles. Suele haber una oferta más amplia y seleccionada que en un bar tradicional.

Y sí, a veces el precio es más elevado, pero también hay gastrobares donde puedes comer a precios muy razonables.

Recientemente estuve en uno en Las Salinas (Asturias), junto con Ricardo.

El restaurante se llama “La Gaspara” y está muy cerca de la playa . Allí disfrutamos de platos a la carta, en cantidad abundante, bien servidos, con producto fresco y de calidad, por un precio adecuado y asequible. Os dejo aquí su web con el menú/carta, por si queréis curiosear.

Restaurante La Gaspara-Gastrobar en Asturias
Tortos de picadillo, longaniza de Áviles, 2 copas de vino blanco Veliterra (D.O. Rueda), 1 cerveza Triple Zero Tostada Ambar (1/3), 2 cafés (1 con hielo), y pan. Precio: 44.90 euros (IVA incluido).

El servicio además fue excelente, tanto en el trato, como en la calidad de los productos y su elaboración. (Quiero destacar que esto NO es una colaboración pagada, ni siquiera les dijimos nada, la decisión de incluirlos en el post, fue posterior al ofrecerme Ricardo esta colaboración esa misma tarde).

También es cierto que hay locales que se quedan en la superficie: espacios bonitos, platos fotogénicos, música bien elegida… pero detrás, la comida no acompaña. No son gastrobares, son bares «instagrameables». El público con cierto criterio gastronómico los distingue sin problema.

Por otro lado, tampoco hay que olvidar que en España tenemos bares de los de toda la vida, con decoración austera y sin etiquetas modernas, donde se come de maravilla, con producto fresco, cocina casera y trato cercano. Son joyas que muchas veces solo se descubren preguntando a los locales, que saben bien dónde está la mejor relación calidad-precio.

Para finalizar, el problema no es el nombre, sino el contenido. Hay bares que se llaman gastrobares y no lo son. Y hay otros que lo son en esencia, aunque nunca se hayan puesto esa etiqueta. La clave, como siempre, está en saber mirar más allá de las apariencias… y en dejarse guiar por quienes conocen y valoran la buena cocina.

Conclusiones

El Marketing y una tendencia, el Gastrobar te cuenta como el Marketing está en todo lo que te rodea. La magia del gastrobar no está en la cocina. Está en el renombrado. Puedes seguir haciendo los mismos platos de siempre, pero si suenan a algo salido del menú de Ferran Adrià en 2007, tus clientes no solo te pagarán más… ¡te darán las gracias por ello!

Así que ya sabes: si tienes arroz, huevos, cerveza y ganas de subir los precios, no necesitas cambiar tu cocina. Solo tu carta.

Y recuerda: la próxima vez que alguien te pida un “plato combinado”, míralo con pena y dile:
“Lo siento, aquí solo trabajamos experiencias gastronómicas con narrativa contemporánea”.

Moraleja: No cambies la receta, cambia el relato

Artículo en colaboración con mi amiga Esther

Y como no podía ser de otra manera, agradecemos la colaboración y los datos, más serios y reales, aportados por Esther Turón y así, añadir a este artículo un poco de cordura, sobre todo, esos puntos importantes a tener en cuenta si vas a visitar este lugar, precio, atención, calidad y demás, no todo es lo que parece, si hablamos de gastrobares también vale esta expresión.

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Imágenes con ChatGpt.

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Por Ric

Bloggero, Técnico Superior en Internet y Comercio Electrónico, Administrador de sistemas, en mi vida laboral, reconvertido a Social Media Marketing Trabajo en Redes Sociales y Marketing Digital desde el año 2013 Asesoro y colaboro para que el mundo de los negocios digitales sea más accesible a las personas emprendedoras. Para ello estudio y humanizo tu Marca, seas empresa o freelance, y te aporto las estrategias necesarias para conseguir tus objetivos de la manera más sencilla posible "En mi opinión, normal es solo lo ordinario, lo mediocre. La vida pertenece a aquellos individuos raros y excepcionales que se atreven a ser diferentes"

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