A primeros de 2025, mientras muchos aún peleaban con el router o jugaban con los puertos USB, un personaje emergía entre memes, hashtags y reuniones por Zoom: Pedrito. Vamos a contar más cosas de nuestro entrañable personaje.
La odisea cómica profesional de Pedrito
Con el tiempo, un hombre corriente, con sus buenos ratos y sus días de “¿por qué me desperté?”, que decidió surfear la ola de la inteligencia artificial como quien se sube a una tabla sin saber nadar.
Spoiler: sobrevivió. Y hasta hizo historia (aunque nadie se la pidió).
De vendedor a entender la IA
Fase 1: Pedrito emprendedor desde la infancia, el vendedor precoz de tarjetas navideñas
Antes de que existiera Instagram, los filtros y los gurús de emprendimiento de 17 años, ya estaba Pedrito, vendiendo tarjetas de Navidad en plena calle… ¡cuando aún era un niño!
Sí, sí, “venta a puerta fría” con apenas 14 años. Mientras otros jugaban al escondite, él calculaba márgenes de ganancia en servilletas.
En los años 70, cuando los anuncios de empleo, en el periódico, decían “NO VENTA” con mayúsculas, Pedrito ya sabía que vender no era malo, aprender a ello es necesario.
Compraba lotes de tarjetas, y, con su amigo, las revendía, en la calle, con los beneficios, se echaban unas risas o unas «chuches» y evitaban pedirle más dinero a la familia, que ya bastante hacía sobreviviendo a los “precios por las nubes”.
Años más tarde, en plena adolescencia, pasaron de vender papel a vender su tiempo: trabajitos, encargos, cualquier cosa para financiar fiestas, pandillas y bocatas post-baile.
Fase 2: Mensajero y hostelero
Hubo un capítulo glorioso en la biografía de Pedrito que podría titularse: “Superhéroe sin capa, pero con cajón”.
Entre semana, era mensajero, domador de timbres rebeldes y ascensores eternamente averiados. Subía cinco pisos sin ascensor con la dignidad de quien transporta documentos ultra secretos, aunque a veces fueran calcetines urgentes. Conocía la ciudad mejor que un GPS y desarrolló un sexto sentido para detectar porteros sospechosamente invisibles.
Y cuando cualquier mortal pensaría en descansar… llegaba el fin de semana.
Cambio de uniforme, sonrisa reglamentaria y bienvenida al mundo de la restauración-hostelería. Bandeja en mano, esquivaba codos voladores y pedidos imposibles con la elegancia de un bailarín táctico. Si alguien pedía “algo rápido”, Pedrito ya estaba corriendo antes de terminar la frase.
Cuando no estaba con la bandeja, también, arbitraba partidos de fúbol-sala de categorías inferiores, la formación ya representaba sus valores.
Dormía poco, caminaba mucho y facturaba experiencia por toneladas, expertise, la llaman hoy.
Aquella doble vida no solo fortaleció sus piernas, también su paciencia legendaria. Y sí, sobrevivió para contarlo. Con propina emocional incluida.
Fase 3: Administrador de sistemas informáticos, conectando cables, reiniciando esperanzas
Pasada la adolescencia y el servicio militar, antes era obligatorio, después de estos trabajos, conducción, restauración y administrativos, su etapa cambió para evolucionar y aprendió cosas que le hicieron mejorar profesionalmente mucho.
Antes de ser el influencer de medio pelo que es hoy, Pedrito trabajaba en las sombras de los servidores como administrador de sistemas informáticos.
Ese héroe invisible que reiniciaba routers, cazaba virus informáticos como si fueran cucarachas y decía cosas como “¿probaste apagar y encender?”.
Era el responsable de que las impresoras funcionaran (nunca lo hacían), que los backups se hicieran (tampoco) y de decir que “esto no es un problema del sistema, es del usuario”.
Mientras otros veían pantallas azules como señales del apocalipsis, Pedrito las interpretaba como mensajes divinos: “Hoy tampoco será tu día”.
El caso es que aprendió mucho de informática, era una nueva tecnología, en su época dorada y se le daba muy bien. Tenía un don, aunque su preferencia eran las letras, era valorada para las ciencias.
Fase 4: El Community Manager – Un like más cerca del colapso mental
Con la digitalización acechando hasta debajo del colchón, Pedrito evolucionó: cambió el destornillador por el Excel de los influencers: Twitter, hoy X.
Se reinventó de Community Manager. Horas peleando con algoritmos, comentarios pasivo-agresivos y jefes que preguntaban cosas como “¿y por qué esta publicación no se hizo viral?”.
Aprendió lo importante:
- Los lunes se postea motivación.
- Los jueves, #TBT, compartir recuerdos.
- El viernes el #FF, mencionando a compañer@s
- Y los domingos, se reza al algoritmo para no ser invisible.
La salud mental, bien gracias. Pero, ¡hey!, ¡subieron 2 seguidores esta semana!
Pedrito vendía tarjetas y ahora vende prompts con arte 🤖🎄 Del “reinicia el router” al gurú digital por descarte 😂 #ProyectoSocialBytes #ProyectoErmitaño #IA Compartir en XFase 5: Marketing Pedritil – O el arte de vender humo con Canva
Luego llegó su fase “marketero iluminado”.
Aquí, Pedrito descubrió el copywriting, las ventas emocionales, los embudos, y que si usabas negrita, todo sonaba más importante.
Lanzó campañas como:
- “¡Conquista tus metas desde el sofá!”
- “Este curso cambiará tu vida. O al menos, te entretendrá mientras te puede la pereza.”
Domino el arte de usar palabras como “exclusivo”, “limitado” y “te lo estás perdiendo”, incluso si solo se trataba de una guía en PDF mal maquetada. Pero lo importante era que convertía. Y eso, en el mundo de Pedrito, ya era casi magia.
Fase 6: Reportero Ciudadano – Periodismo sin diploma y con memes
Con una confianza desbordante (y, tal vez, mal calibrada), Pedrito se autoproclamó “reportero digital”.
Publicaba desde noticias locales (“Cierra el único bar con buena tortilla de patatas”) hasta crónicas de barrio en tono épico (“La señora Antonia venció al sistema de la Seguridad Social y obtuvo cita médica”).
A veces se inventaba titulares solo para ver si la gente leía antes de compartir.
Spoiler: no lo hacían.
Pero su voz se escuchaba, y sus seguidores crecían. En un mundo de desinformación, al menos él lo decía con estilo.
Fase 7: Viajero, Aventurero, Bloguero – El influencer con mochila y panza cervecera
Un día, con 63 años, harto de reuniones por Zoom y cafés fríos, Pedrito decidió darle al mundo una probadita de su “espíritu libre”.
Tomó su gorra de visera, su maleta de ruedas (porque la espalda ya no está para mochilas), y se convirtió en “el viajero errante de las redes” (Proyecto Ermitaño).
Exploró desde los callejones de Pereira, en Colombia, hasta las terrazas de Valencia, documentando su periplo como si fuera Indiana Jones.
Publicaba fotos con pies en la arena, frases inspiradoras y, por supuesto, su horchata al lado.
¿Visto por otros?
Un jubilado con tiempo.
¿Visto por él?
Un símbolo de la resistencia bohemia del siglo XXI.
Pedrito y la Inteligencia Artificial – Un amor-odio con muchos prompts
Llegamos al 2025, el año donde la IA dejó de ser cosa de películas y se metió hasta en la sopa.
ChatGPT no solo escribía textos (como este, cof cof), sino que generaba imágenes. Y Pedrito, que nunca se resistió a una moda si traía clics, se lanzó al abismo tecnológico.
Aprendió lo que era un prompt, descubrió que Midjourney no era una banda indie, y empezó a crear imágenes de sí mismo meditando, viajando, corriendo o comiendo paella.
El Gran Dilema de la IA, entre la maravilla y el caos
Pedrito lo tenía claro: la inteligencia artificial era maravillosa… hasta que alguien la usaba mal, como cualquier otra cosa.
Mientras él creaba historietas ilustradas sobre su vida y diseñaba infografías absurdas con fases de relaciones (¿recuerdan la de “Nube Rosa”?), otros se dedicaban a clonar voces, falsificar imágenes o escribir novelas enteras en 3 segundos, sin una pizca de alma.
El problema, según Pedrito, no era la herramienta. Era y es que la gente prefería seguir creyendo que el fax era tecnología suficiente.
¡No quieren aprender, carajo!, gritaba mientras escribía un curso gratuito sobre prompts que nadie le pidió
Conclusiones
Hoy, Pedrito es una especie de leyenda de nicho. Tiene su propio personaje dibujado, una comunidad que lo saluda cada cumpleaños, una camiseta que dice “Viva la Vida” y una barriga (el la llama «mi alien») que va y viene según el ángulo de la foto.
Ha vivido en redes sociales, ha flotado en mares, ha sufrido por algoritmos y ha vivido muchas aventuras.
Sigue escribiendo, creando imágenes, burlándose de la actualidad, y enseñando (con sarcasmo) que la vida digital no tiene que ser tan seria.
Porque si algo aprendimos de Pedrito es esto:
En un mundo lleno de ruido, sé como Pedrito: inventa un personaje, ríete de ti mismo y flota. Pero flota bien, que el algoritmo no perdona
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