Un año viajando, y no, no soy millonario

Por Ric #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #, #

Un año viajando, y no, no soy millonario es un resumen de lo acontecido en el último año, desde mayo de 2024 hasta mayo de 2025. Viajes y peripecias de un español veterano, con muchas ganas y poca plata, como dicen por acá.

Resumen de una vida en ruta

Un año viajando, y no, no soy millonarioConvertir un coche en casa: libertad vs comodidad

Hace un año, convertí mi coche en una casa rodante, sí, no tengo todas las comodidades, pero, a cambio, tengo libertad de elegir el sitio adonde me dirijo, y eso es un lujo, me siento muy agradecido por disfrutar de esta condición.

Cómo empezó todo: mochila, mapa y “Cocherito”

Todo empezó con una mochila, un mapa desactualizado y una mini camper con nombre de personaje infantil: Cocherito. Sí, lo sé, suena como una peli de dibujos animados, pero esta es la historia real (demasiado real, diría yo) de cómo terminé recorriendo media España, cruzando el Caribe colombiano y reencontrándome con mi yo interior en Pereira, para al final, toparme con algo que no esperaba: una relación de pareja. Sí, no seas impaciente, ya llegaremos a eso.

Etapa 1: Ruta por la costa española en camper

De Madrid a Murcia: calor, improvisación y aprendizaje

Era mayo de 2024. Cocherito y yo, decidimos que la vida era demasiado corta como para seguir pagando alquiler y demasiado larga como para no recorrer la costa española con una nevera de 220v/12v y una estación de energía con placas solares.

Desde Madrid a Murcia, donde el sol no se pone, sólo se esconde, para reventarte con más fuerza al día siguiente. Aquí me topé con un grupo de jubilados británicos haciendo Taichí, a la sombra de una palmera y comprendí que estaba viviendo mal.

Aprendí a cocinar arroz caldoso y a hacerme amigo de gatos callejeros. Cocherito, como siempre, aguantó el calor como un campeón… hasta que le falló el aire acondicionado. Spoiler: es una broma, lo que sí se rompió fue la cerradura de la puerta del copiloto, pero eso fue en agosto.

Almería: paisajes desérticos y primeras reflexiones

Almería me recibió con paisajes de otro planeta: desiertos, montañas secas y playas vírgenes donde sólo estábamos Cocherito, yo, y el ocasional alemán nudista de espíritu libre. Empecé, en realidad ya lo hago hace tiempo, a hablar solo. Algunas conversaciones fueron interesantes. Visité a un viejo amigo y decidí continuar, buscaba un lugar donde descansar unos días.

Granada costa: noches imposibles y calas escondidas

Llegando a la costa de Granada, intenté dormir cerca del litoral, pero terminé huyendo de un grupo de adolescentes tocando reguetón a todo volumen desde una tumbona inflable. No es metáfora.

Un apunte, la ciudad de Granada sigue siendo preciosa, la conocí hace un tiempo, pero nunca entendí cómo hace la gente para subir y bajar esas cuestas todos los días sin quedarse sin rótulas, pero, en este caso, viajaba por la parte costera, nada que ver con la ciudad. Existen calas y playas que ni siquiera conocía.

Málaga: descanso, amigos y vida “casi influencer”

Siguiente paso, Málaga, la joya del sur. Cocherito me sacó el led de la llave, tocaba revisión. Decidí quedarme unos días, allí me reencontré con un amigo de Redes, estaba en una zona de Auto caravanas y me trasladé, invitado por él, la última semana, a un apartamento que había alquilado, desde el que, incluso, se podía ver al mar.

Desayunábamos aguacate en pan artesanal como si fuéramos influencers exitosos. El Mediterráneo me despedía con sabor a espetos, gambas, factor 50 y algo de nostalgia anticipada.

Un año viajando, todavía no me lo creo

Etapa 2: Escapar del calor y buscar el norte

Francia y Pamplona: viaje acompañado

Era primeros de julio ya, y el sur empezaba a abrasar. Literal. Una tarde vi derretirse un cono de helado antes de pagarlo. Debía volver a Murcia, para dirigirme, con otro amigo, a Francia, y después Pamplona.

Una vez terminado mi tour acompañado, por tierras francesas, volvía a Murcia, a recoger a Cocherito, que, en esta ocasión, se había quedado en el garaje de este amigo.

Valencia: reencuentros y decisiones

A partir de ahí, volvía a estar en solitario, me dirigía a Valencia, para pasar un fin de semana con mi amigo Pau, con el que estuve, en junio, en Málaga.

Rumbo a Cantabria: naturaleza, lluvia y desconexión

Pasado ese fin de semana, tomé una decisión sabia: huir al norte como alma que lleva el fresquito. Mi destino: Cantabria, esa tierra de vacas felices, lluvia de ensueño y montañas verdes que parecen sacadas de un catálogo de turismo nórdico.

El viaje fue largo, pasando por Zaragoza, visité a unas amigas y luego no pegué ojo esa noche, por el calor, así que arranqué hacia el norte, de madrugada, con parada obligatoria en un pequeño pueblo del País Vasco, debía dormir, allí probé el bocadillo de tortilla más seco y caro del planeta.

Cuando llegué, Cantabria me recibió como siempre: con niebla, llovizna y una anciana vendiéndome sobaos con acento de ultratumba. Y fue perfecto.

Acampé entre montañas, hice rutas donde el barro me abrazó hasta los tobillos, y Cocherito volvió a encontrar su propósito: hacerme de casa y de compañero incondicional. Allí, entre corbatas de Unquera, sobaos pasiegos (estos dos son dulces típicos del lugar) y miradores, entendí que la felicidad es un termo lleno y cero notificaciones.

Pero como toda buena historia, llegó septiembre…

Etapa 3: Viaje al Caribe colombiano

Itinerario mochilero por Colombia en 18 días

Pedrito viajeroSeptiembre. Mientras todo el mundo se preparaba para la vuelta al trabajo, yo tomaba un vuelo a Colombia. 18 días, mochila liviana y un itinerario que parecía escrito por un millennial sin miedo a las alturas ni a las bacterias del agua: Cali, Cartagena, Santa Marta, Barranquilla y finalmente Pereira.

Cali: salsa, cultura y primeras impresiones

En Cali, me recibieron con salsa, sudor y una señora que intentó venderme tamales a las seis de la mañana. Me enamoré de la energía, del ritmo, y casi de una profesora de bachata que me gritó «¡afloja esas caderas!» como si fuera un exorcismo. No funcionó, pero se intentó.

Santa Marta y Tayrona: naturaleza salvaje

Santa Marta me sorprendió con playas paradisíacas y mosquitos con hambre de mochilero. Me bañé en el Parque Tayrona, acampé en una hamaca que se balanceaba con cada brisa y casi pierdo un zapato en una ola traicionera.

Barranquilla: caos, comida y autenticidad

Barranquilla, aunque más urbana, me atrapó con su caos y su gente: abierta, ruidosa y divertida. Comí arepas rellenas de todo lo imaginable y una empanada que, juraría, tenía historia clínica.

Cartagena: belleza, calor extremo y turismo

Cartagena fue una postal viviente. Murallas, balcones llenos de flores, y un calor tan intenso que perdí la noción del tiempo, y posiblemente cinco kilos de sudor. Allí, un guía turístico me dijo que yo tenía «cara de europeo confundido». No supe cómo tomarlo.

Etapa 4: Pereira y una historia inesperada

Y entonces regresé a Pereira, donde sólo me quedaban unos días de estancia. Y de vuelta a Madrid, donde pasaría las navidades.

Viajar barato y que piensen que eres millonario, ser mochilero andando y un ser casi visionario 👀😉 #ProyectoErmitaño #CambiaTuVida #LaFuerzaEsIntensa #mochilero Compartir en X

Volver a Colombia: una decisión estratégica

Vivir en Pereira: rutina, cultura y adaptación

Pereira, segundo viaje, primeros de 2025. ya entraba en mis planes pasar más tiempo en ese país. También, visto el calor que pasé en el Caribe, en mi primer viaje, tomé otra decisión, con mi «parcero» Carlos, cambiar el apartamento donde residíamos por uno mejor. Era solo una escala técnica, un lugar de paso. Pero a veces, estos sitios te agarran por los tobillos y no te sueltan… o más bien alguien que andaba por ese lugar. En diciembre ya teníamos solucionado lo del apartamento.

En febrero, como digo, volví a Colombia. Con la excusa de «ver qué onda», me dediqué a vivir el día a día en un pequeño apartamento con vistas a una montaña cubierta de neblina (o era humo, aún no lo tengo claro). Allí me quedaría tres meses, hasta finales de mayo.

La historia que no estaba en los planes

De repente, en uno de esos días sin planes, en marzo, la conocí a ella, pero era de Medellín. No diré mucho aquí (porque si llegaste hasta este punto, mereces un poco de intriga), pero fue algo inesperado, sin filtros de Instagram ni poses ensayadas. Solo dos personas compartiendo almuerzo y «un pintado», lo que aquí conocemos por café con leche, en una tradicional panadería y luego todo fue… diferente.

Amor viajando: conexiones reales sin filtros

Si quieres saber cómo terminó todo eso (o si realmente acabó), te invito a leer la primera y la segunda parte de esta historia de ficción/realidad en 8 días en Pereira y, después, 12 días más en Pereira. También puedes ver como es la vida en esta ciudad, después de seis meses que llevo viviendo acá.

Pasamos días explorando juntos, allá anduvimos riendo por tonterías, cocinando empanadas que terminaron siendo pan con relleno depresivo, y hablando de la vida como si no tuviéramos boletos de regreso a ninguna parte.

Un año viajando, y no, no soy millonario

Lecciones de un año viajando como mochilero

Por ahora, sigo aquí, en esta historia que empezó con una mochila y terminó con… ¿un hogar? O quizás, como siempre, sea sólo una pausa antes del próximo destino. Y debes saber que, si viajas estilo mochilero, puedes vivir una vida excitante conociendo muchas cosas por menos dinero del que puedas imaginar.

Conclusiones

Un año viajando, y no, no soy millonario te cuenta como he podido viajar durante un año, sin ser millonario, hubo alguien que me decía que era rico, en algún comentario por Redes, y no sabe lo equivocado que está. Este artículo te cuenta que, con los recursos justos, puedes estar un año viajando y disfrutando.

Aprendí a decir «¡hágale pues!» con naturalidad. Me volví cliente habitual de una panadería donde la señora ya no me preguntaba qué quería tomar. Empecé a saludar con beso y abrazo, y a entender los chistes internos sobre Manizales y Armenia. Me sentí parte de aquel vecindario de estrato trabajador.

Cocherito, por cierto, está estacionado en casa de un amigo en la Comunidad de Madrid. Le dejé café colombiano y medio paquete de magdalenas. Volveré por él.

¿Quieres seguir viajando conmigo? Pues prepárate. Porque si algo he aprendido es que la vida, como la carretera, siempre te tiene reservadas curvas inesperadas… y a veces, relaciones que no vienen en el GPS.

 

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Por Ric

Bloggero, Técnico Superior en Internet y Comercio Electrónico, Administrador de sistemas, en mi vida laboral, reconvertido a Social Media Marketing Trabajo en Redes Sociales y Marketing Digital desde el año 2013 Asesoro y colaboro para que el mundo de los negocios digitales sea más accesible a las personas emprendedoras. Para ello estudio y humanizo tu Marca, seas empresa o freelance, y te aporto las estrategias necesarias para conseguir tus objetivos de la manera más sencilla posible "En mi opinión, normal es solo lo ordinario, lo mediocre. La vida pertenece a aquellos individuos raros y excepcionales que se atreven a ser diferentes"

2 comentario sobre «Un año viajando, y no, no soy millonario»
  1. Hola. Creo que mucha gente, entre la que me incluyo, tenemos la impresión, equivocada de que viajar es caro. Pero bien pronto este post aclara que hay rutas y mecanismos para viajar accesibles económicamente (desde viajar con coche a ser mochilero). Muy interesante y ameno el anecdotario de viajes. Y resaltar que viajar y vivir temporalmente en el Caribe requiere adaptación pero que con practicidad e ilusión se consiguen las cosas. La ruta por el interior de España, muy divertida. Me ha gustado mucho el post.
    Un saludo

    1. Hola Marisa

      Me alegra mucho que te haya gustado el artículo/historia.
      Lo escribí con la intención clara de demostrar que no tenemos que ser millonarios para cumplir nuestros objetivos, solo hay que abrir la mente y quitarse los miedos, detrás de ellos te encuentras con situaciones bonitas, en la mayoría de los casos.

      ¡Gracias por leer, valorar y comentar compañera!

      La mando un email por privado, mire su bandeja de entrada

      ¡Saludos!

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